Una muestra más del vertiginoso ascenso de China en materia de tecnología (y en el aspecto económico) es el hecho de que en la última medición de las 500 computadoras más rápidas del mundo, la más rápida está actualmente en China, de acuerdo al ranking organizado por top500.org. Esa computadora puede ejecutar 2,57 petaflops, que son 2570 billones de operaciones cada segundo. Considerando billón como un uno seguido de doce ceros.
Esa computadora, llamada Tianhe, que significa “Vía Láctea”, fue desarrollada en la Universidad Nacional de Tecnología de Defensa de China. En su construcción participaron más de 200 investigadores, trabajando a lo largo de más de dos años. Al igual que el 91,8% de las 500 computadoras más rápidas, Tianhe usa Linux.
Otro aspecto interesante de este logro es que la Tianhe-1A, integrada por miles de procesadores de tipo Intel o su competidor AMD, además de procesadores hechos en EEUU tiene procesadores hechos en China, en particular el FeiTeng-1000. Podemos irnos aprendiendo este nombre, porque probablemente muy pronto tendremos una gran proliferación de computadoras de escritorio hechas con ese procesador. Y también muy pronto la computadora más rápida del mundo tendrá exclusivamente procesadores hechos en China.
Siguen siendo los EEUU el país con mayor número de computadoras entre las 500 más rápidas, pero desde hace unos años se observa cómo su presencia en esta lista va dando paso a la presencia de otros países, en particular de países asiáticos, específicamente China y Japón.
Las computadoras de este tipo se utilizan para hacer cálculos que llevarían muchísimo tiempo en un computador de escritorio convencional. Simulaciones meteorológicas o simulaciones de explotación de yacimientos petrolíferos, entre muchísimas otras aplicaciones, necesitan hoy en día de la ayuda de este tipo de computadores para terminar los cálculos en un tiempo razonable.
Asi como entramos en la tecnología satelital, Venezuela debe ingresar en este mundo de la computación de alto rendimiento, especialmente para satisfacer requerimientos de su principal industria. La alianza estratégica con China puede, una vez más, servirnos de palanca para este desarrollo.
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