En estos días estuvo en Venezuela Richard Stallman, uno de los creadores y principal impulsores de la idea del software libre. Uno de los temas que trató en sus charlas fue el tema de la ética, en relación con el software libre.
Stallman se pregunta ¿qué debemos hacer cuando un amigo nos pide que le copiemos un programa cuya licencia prohíbe las copias? En esas circunstancias cualquier decisión estaría “mal”. Si no le damos la copia, estaríamos dejando de ayudarlo, lo que éticamente no es correcto. Si le damos la copia, estaríamos violando la ley de propiedad intelectual.
¿Qué debemos hacer en ese caso? Stallman está claro: si vamos a hacer un “mal”, debemos hacer el “mal menor”, que en este caso es darle la copia a nuestro amigo. ¿Por qué esta acción no solamente es un “mal menor” sino que es éticamente más aceptable? Stallman se responde: porque si vamos a perjudicar a alguien es menos malo perjudicar a quien se lo merece.
Obviamente una compañía que cobre indefinidamente por cada copia del mismo software se merece que le ocurra que mucha gente no pague por la copia. El costo de producción del software (más una ganancia razonable) se paga muchas veces, lo que resulta en un escándalo desde el punto de vista ético.
Es aquí donde el software libre nos ayuda, porque nos escabullimos del dilema ético planteado al comienzo. Con software libre podemos hacerle la copia a nuestro amigo y hacerle copias incluso a quienes no son amigos nuestros, por el simple disfrute de ayudar al prójimo, sin faltar a nuestra obligación ética de cumplir la ley.
Desde cada una de nuestras trincheras debemos seguir impulsando el software libre, cuyo uso, de paso, es una obligación para el sector público desde la promulgación del conocido decreto presidencial 3390.