martes, 1 de febrero de 2011

Aspectos leoninos de las licencias digitales

Durante los últimos tiempos del disco de acetato lo usual era comprar un disco, grabarlo en una cinta (que llamábamos “caset”) y escuchar la cinta en lugar del disco, para no dañarlo. Aunque la licencia de uso del disco decía “prohibida la copia, reproducción en sitios públicos, etc, etc.”, la acción de grabar el disco para uso personal no estaba criminalizada.

La copia no tenía la misma calidad de sonido que el disco; era famoso el “siseo” de la cinta, un ruido de fondo que le quitaba calidad al sonido. Había siempre la motivación para comprar el disco de acetato y las compañías fabricantes de cintas ofrecían diferentes calidades a diferentes precios. Todos los empresarios de la música y la tecnología de reproducción musical eran relativamente felices, cada uno acumulaba capital de manera más o menos sostenida.

Al desarrollarse la tecnología digital, todo cambió. La información en un CD está almacenada en ceros y unos. Aunque no estén perfectamente bien grabados, mientras el reproductor logre identificar los ceros y los unos, la calidad de la audición será exactamente igual a la original.

En la era digital comenzaron los dolores de cabeza para el mundo capitalista de la música y el video. La acumulación desmedida de capitales provenientes de derechos de autor (que en la práctica NO son derechos del autor sino del editor) entra en crisis por la copia “ilegal”, también llamada “copia pirata”.

Se supone que uno debe poder copiar su CD original o sus canciones originales para no dañar la fuente. Pues eso incluso ha sido puesto progresivamente en entredicho, porque con los mecanismos de copia de canciones compradas por internet, se limita el número de copias, cuando no se prohibe. Estos mecanismos se llaman sistemas DRM (Digital Rights Management) o Sistemas de Manejo de Derechos Digitales. Por ejemplo, lo tiene iTunes, la tienda de música más exitosa por internet.

Se llegará al extremo de que una canción sólo podrá ser reproducida en uno de los equipos que tengamos, sea el del carro, el celular o la computadora. No se extrañen, eso pasa con el software: la licencia es sólo para usarla en una computadora en particular. No se puede tener el software con la misma licencia en dos equipos, aunque usemos uno a la vez. En próximas entregas hablaremos de estos elementos de licenciamiento y protección llevados al mundo del software privativo.

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