martes, 14 de diciembre de 2010

La libertad de expresión en Internet se logra entre todos

El caso de Wikileaks abre algunas algunas interrogantes (adicionales) relacionadas con la libertad de expresión y los medios de comunicación, que no son solamente los medios tradicionales como prensa, radio y televisión, sino que, cada vez más, es Internet.

Redes sociales como Facebook y Twitter, eliminan cuentas arbitrariamente, como han hecho con las de muchos usuarios que apoyan a Wikileaks. Ningún medio tradicional se rasga las vestiduras, como lo hacen por el cierre de una emisora de radio o de televisión. El sitio de blogs de Google, blogspot.com, y el de videos, youtube.com, ha eliminado a discreción cuentas de muchos usuarios con la sola excusa de que “violan los términos de uso”, sin dar explicaciones ni derecho a la defensa. En muchos casos se trata de una violación de copyright que podría ser corregida con un mensaje al usuario, que borraría inmediatamente el contenido. Sin embargo, a modo de penalización, estos servicios eliminan todo el sitio entero, aunque tengas invertido en él años de trabajo. Nadie reclama estos abusos y los perjudicados se sienten impotentes. Conozco varios casos.

En respuesta al control centralizado de la información surgieron los sistemas de intercambio denominados “punto a punto” o “peer to peer”, abreviado a veces como P2P. Estos sistemas, ideados para tener una fuente de información replicada en varios sitios, normalmente computadoras personales que no hacen el rol de servidores, permiten descargar la información fragmentadamente desde varios sitios, de modo que los fragmentos se usan para armar el archivo entero, una vez descargados.

El software para hacer esto, desarrollado en buena medida con especificacioness abiertas, existe en versiones libres y propietarias que con frecuencia acceden a las mismas redes de equipos interconectados. Son conocidos los programas BitTorrent, eMule, Kazaa y Shareaza, entre otros. La fortaleza de estos sistemas se basa precisamente en que no hay un servidor centralizado, al que podrían acallar los interesados. Esto ocurrió con el famoso Napster, que al tener un servicio centralizado, fue demandado y obligado a seguir las normas del copyright.

Aunque estas redes han sido criminalizadas y existen intentos millonarios de las compañías de producción de música y películas para anularlos, debemos decir que el futuro de la verdadera libertad de expresión en Internet parece estar cifrado en estos esquemas distribuidos.

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